
Este chicle orgánico y biodegradable procede de la savia natural de un árbol. Un consorcio de 56 cooperativas con 2.000 trabajadores son los encargados de recolectar la goma en la selva, que luego manufactura la empresa Consorcio Chiclero, que ha comenzado a comercializarlo por todo el mundo.
El chicle procedente de este entorno natural no se pega en la ropa ni el pelo y se convierte en polvo cuando pasan seis semanas pegado en los pavimentos, aseguran sus productores, que se definen como una empresa de comercio justo.
El chicle Chicza se presenta con sabores de menta, limón, hierbabuena, naranja, canela y frutas rojas, y el paquete viene a costar 1,5 euros. Mucho más es lo que gastan los ayuntamientos del Reino Unido en limpiar las calles de la ultrapegajosa golosina. Desprender los chicles la calle Oxford de Londres lleva 17 semanas de dedicación intensa; cada operación viene a costar unos tres céntimos de euro.
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